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by Prud! desde la idea de Tainah.
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Hell Hunters
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Prud & Témpano
Rutina...
9:59 p. m. @ 21 noviembre 2006
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Me terminé de duchar y de vestirme y me senté en mi nuevo sofá.
Otro día igual: Esperar a que el sol se esconda lo suficiente, matar, comer, fumar. ¡Estoy harta de esta puta vida!
Estaba harta de la inmortalidad en solitario, los de mi tribu ya no llenaban ese vacío que tenía en mí, necesitaba alguien a mi lado, le necesitaba a él.
Llamaron a la puerta.
-¿Quién es?
- Pizza – contestó una voz tímida.
Abrí la puerta y vi un muchacho escondido debajo de su gorra roja.
- Te has confundido cielo, aquí no es.
- ¿Esto no es el número 32? – Me preguntó después de mirar en su papel.
- Esto es el número 23 – Pero ya va bien, yo cogeré la entrega.
Le hice pasar y cerré la puerta detrás de él, le quite la gorra y la tiré al suelo.
El chico dejó la pizza en la mesa que había en la entrada.
Me parece que se ha confundido.
- Que pena – le acaricié la cara – eres muy mono.
Me abalancé sobre él y le mordí en el cuello.
- No te resistas te dolerá menos – le susurré.
Volví ha clavar mis colmillos en su delicado cuello, su sangre entró en contacto con mi boca, me encantaba ese sabor, me hacía sentir viva de nuevo.
Al terminar limpié la sangre que tenía por la cara, metí al chico en una bolsa, salí a la calle y lo tiré al primer contenedor que vi.
Seguí andando por las frías calles de New York con mi típico movimiento macarra.
En las calles reinaba el silencio, apenas había gente andando, solo se oía los pasos de la poca gente que se atrevía a andar y mis cadenas del pantalón.
- Penoso, esto da pena, esta situación da pena, dependemos de una Diosa arrogante ¡Por Dios! ¿Cómo hemos llegado hasta este extremo? - Me dije ha mi misma mientras subía el cuello de mi abrigo – Más vale que valga la pena y no sea una perdida de tiempo.
Anduve un buen rato hasta que mis pies dijeron basta. Miré a mi alrededor, estaba casi todo cerrado, solo estaba abierto unas cuantas tiendas y un bar. Decidí entrar en él.
Era algo cutre el local, pero a la vez acogedor: Había una barra de madera nada más entrar a la derecha que estaba atendida por una chica joven, en el resto del local había una mesas redondas cutres con sillas a juego de color marrón claro, decorado todo ello con rallajos y garabatos. Luego había unas escaleras donde conducían a los baños. A pesar de eso era bastante agradable por la gente que había y por la música de ambiente que tenían puesta.
-¿Qué te pongo guapa? – me preguntó la chica que atendía la barra.
- Un refresco por favor – le dije algo distraída.
Al cabo de unos minutos la chica me sirvió la bebida y me sonrió.
-Me llamo Lisa, ¿Y tú? – Al parecer estaba más aburrida que yo.
- Dana, encantada – bebí un poco de mis refresco mientras sacaba mi paquete de tabaco.
- Y ¿a qué te dedicas?
Esa pregunta me frenó un poco, no podía decirle lo que verdaderamente era y ahora no se me ocurría ningún oficio adecuado para mí.
- Trabajo en una tienda de ropa – Le mentí
- A mi me encantaría trabajar en un sitio de esos, pero estoy encarcelada en este bar, es mi vida, mi casa, mi amante – rió
-¿Fumas? – Le pregunté mientras le ofrecía un cigarro.
-Sí – cogió uno y se lo encendió – Gracias.
Estuvimos hablando un buen rato mientras atendía y dejaba de atender a más personas, nunca me había llevado tan bien con un humano, ¿me estaba volviendo blanda?
Cuando ya tenía que cerrar el bar nos despedimos como grandes amigas y cada una se fue por su lado.
¿Verdaderamente esto ha ocurrido? ¿Desde cuando me llevo tan bien con mi alimento?
=OUT=
Sí, lo sé, es muy corto, pero ahora mi imaginación no da para más, y esto lo he escrito entre deberes y deberes, así que no seáis muy crueles conmigo :P
Estefani Cuxifli
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6:18 p. m.
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- Brooke ¿De verdad crees que deberíamos hacer esto? – la miré mientras formulaba la pregunta, con la voz temblorosa-
- Vamos, Ambie – respondió mientras se ponía en marcha – No nos va a pasar nada.
- Es que no estoy segura de querer hacerlo… yo…
- No me digas que no estás…¿preparada es la palabra?
- Sí. No lo he hecho en mi vida – me apresuré – y sé que es una situación especial y todo eso pero es que…
- Venga, solo son un par de horas – saltó, con una agilidad inmensa el muro que cercaba el instituto –
La imité, no sin antes murmurar una especie de “¡Oh! Dios mío, pellas…”.
Cuando llegamos frente al mastodóntico edificio de ladrillo, yo seguía contándole a Brooke, que saltarse unas horas de clase había sido una de las pesadillas más recurridas de mi infancia. Ésta, hacía que me escuchaba mientras emitía, de vez en cuando unos “mmmhmmmm” de forma fática y artificial.
- Ya hemos llegado – me interrumpió – Solo hay que esperar a que salga.
Nada más terminar la frase, de las puertas de aquel edificio apareció un joven bien vestido, junto con una chica de aspecto demacrado (pero no por eso desagradable), de pelo negro.
- ¡Dante! – se apresuró a gritar Brooke - ¡Aquí!
Prud!
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