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by Prud! desde la idea de Tainah.
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Hell Hunters
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Prud & Témpano
The First time..
8:46 p. m. @ 30 octubre 2006
- ¡Joder! – exclamé apartándome de ellos – Pero ¿Cómo coj…?
Gildwin me sonreía estúpidamente, de esas sonrisas que tan poco me gustaban.
- ¡Ah! – le grité – de modo que se te olvidó agregar que eras una especie de … David Copperfield de pacotilla.
- Vamos, Brooke. Solo trataba de que confiases en mí.
Me acerqué de nuevo con la mano sobre el pecho.
- Está bien, está bien. Pero ni se te ocurra llamarme rubia, haz el favor.
- Te enseñaré ahora la sala de entrenamientos – continuó haciendo caso omiso a mi comentario – vas a pasar gran parte de tu tiempo ahí. Aunque consideraría que es mejor trasladarnos al cementerio, podrás comprobar con tus propios ojos lo que te voy a contar.
- Espera… ¿Cementerio?
- ¿Acaso esperabas que alguna noche ibas a dormir? ¿No te creías la parte de que los vampiros no pueden recibir la luz del sol?
Haciendo un aspaviento le seguí hacia la salida.
Mientras nos recorrimos el gran trecho que separaba The Mandragore con el cementerio Green- Wood, a muy poca distancia del duplex, Gildwin continuó contándome aquella odiosa profecía y mi deber ante ella.
- ¡Genial! Está cerrado.
- ¡Ah! Creería conveniente que mantuvieses un cierto respeto hacia mí, tu vigilante – se cruzó de brazos – y si realmente eres la Elegida, no creo que tengas dificultad alguna para saltar esa valla.
¿Estaba bromeando? La verja se erguía, oxidada y retorcida, tres metros en altura.
- Sí, claro – bromeé – ahora resulta que Spiderman me ayudará en mi infeliz tarea de salvar al mundo ¿verdad?
- Podemos comprobarlo – me sonrió –
Acto seguido, Gildwin, como presa de un ataque, me rodeó con sus brazos y me lanzó contra la verja.
Por culpa de la inercia, choqué en un metálico estruendo contra ella y caí al suelo.
- ¡¿Pero qué te pasa?! – chillé dolorida –
- Quería poner a prueba tus reflejos – contestó – Vamos, escala.
Hice lo que me pidió, y subí la verja sin demasiado esfuerzo. Cuando ya estuve del otro lado le miré fijamente.
- ¿A qué esperas? – pregunté –
- Yo no entro, Brooke. Te observaré desde fuera – terminó mientras se alejaba en la oscuridad –
Me quedé boquiabierta: ¿acaso todo había sido un truco de un psicópata para raptarme en un cementerio? ¿era solo un truco lo que había visto en la tienda?
Observé los alrededores, todo césped seguido de interminables lápidas, que parecían apoyadas la una sobre la otra, formando extrañas formas. El lugar me daba escalofríos.
- A que esperas, Brooke. No tengo toda la noche – oí como me recordaba Gil –
Me reconfortó. Si había metido la pata, ya estaba hecho por lo que iba a continuar. Algo dentro de mí me decía que todo aquello no era una mentira.
Anduve por el cementerio, inspeccionando la zona pero no percibí nada que me llamase la atención, a lo mejor Gil había elegido el lugar menos adecuado. Pronto descubrí que no.
- ¿Ves algo? – preguntó éste –
- La… la verdad es que no – contesté a la par que oí un ligero ruido – Más bien oigo… - Miré a mi alrededor, atemorizada, sin saber lo que me iba a encontrar cuando girase la cabeza - ¡Gil! Es como un gruñido, se acerca hacia aqu…
No pude terminar la frase: una fuerza sobrehumana me impulsó en el aire para caer sobre una de las lápidas y rodar sobre el húmedo césped, malherida y sobre todo, aterrada.
- No temas, Brooke. Puedes con él.
¿Qué podía con él? Por dios, estaba horrorizada, sin saber a lo que atenerme.
Levanté la cabeza y le observé: era un varón de aproximadamente treinta años, con pelo oscuro y camisa de franela, burdo. Su cara no era humana: unos ojos color ámbar me taladraban y unas cejas casi inapreciables entre un bulto extraño en mitad de la frente.
Me incorporé mientras se acercaba a mí, emitiendo ruidos extraños y mostrando los colmillos.
No sabía que hacer: mis impulsos me rogaban, latentes, que echase a correr, mientras que la conciencia movida por Gildwin me obligaba a quedarme ahí y enfrentarme al ser que se erguía frente a mí.
¿Seguía siendo todo esto una trampa para matarme?
- Bueno ¿qué? – me dirigí al vampiro – ¿Te vas a quedar ahí quieto, con esa cara de…mmm… Con esa cara?
No me dio tiempo alguno a reaccionar, el monstruo ya se abalanzaba sobre mí y me hundía contra el suelo, dejándome inmovilizada por completo.
Pude comprobar como sus inhumanos ojos no apartaban la vista de mi cuello.
Hice un intento de llamar a Gil, pero fue en vano, solo conseguí que el feroz vampiro me apretase más contra la hierba.
- ¿No me vas ni a decir tu nombre? – pregunté presa de los nervios –
Me contestó con un fuerte puñetazo en el pómulo, en el que dos segundos después estalló el agudo dolor.
- ¡Auhh! – chillé aniñada - ¡Es de mala educación! ¿Sabes?
Me había cabreado.
Generalmente, las pocas veces que me había peleado con chiquillas de mi clase, había empezado a repartir cuando el contrincante me hacía daño, nunca antes me concentraba en la pelea.
Intenté de nuevo apartarlo de encima pero solo conseguí que emitiese un sobrenatural gruñido junto a mi oído.
- Ahora llega el momento de cenar – me informó en un susurro –
Intenté alzar los brazos hasta quedarme sin aliento, mientras su pronunciada mandíbula se inclinaba hacia mi yugular.
Fue entonces cuando probé con las piernas, propinándole un fuerte golpe en el vientre, que dio resultado: éste salió despedido hacia atrás, cayendo de espaldas.
Me proporcionó algo de tiempo para ponerme en pie de nuevo.
- ¡Gil! – grité – Estoy en apuros, no sé si puedo hacerlo.
- Vamos, Brooke – respondió mientras mi atacante se erguía de nuevo – Confía en ti misma.
- Qué gracioso – susurré – Mister “Tú puedes” y “Confía en ti misma” al rescate.
El vampiro ya no pensaba dar ventaja, lo pude adivinar en sus movimientos.
En cuestión de segundos, comenzó un caótico baile de golpes, a los que yo intentaba esquivar como podía, a la par que reculaba.
- ¡Almore, joder! – volví a chillar entre la lluvia de brazos - ¿Cómo se supone que tengo que matarlo?
Un puñetazo en mi mandíbula.
- ¿Nunca has oído hablar de vampiros, Rubia? – inquirió bromista –
- ¡No me llames Rubia! – le respondí a la vez que propinaba un golpe en la cara - ¡¿Cómo lo hago, joder?
Mi atacante volvió a la carga pero le bloquee como pude, parándolo de una patada.
- ¡Gil! – grité desesperada –
El vampiro cogió de mi pie y girándolo hacia un lado, me hizo morder el polvo de nuevo.
Estaba en desventaja, boca abajo, y con el pie y la mandíbula doloridos. No me gustaba esto.
- Una estaca al corazón – oí la voz de Gildwin distorsionada entre los bramidos de aquel ser –
Nunca tuve buena puntería…
Me incorporé de nuevo, lo más rápido que pude, y eché a correr a través de las lápidas, buscando algo que fuese de madera. Mi contrincante me pisaba los talones.
- Vamos “Colmillitos“, cálmate ¿eh? – le gritaba – solo necesito algo de madera.
Éste, de un fuerte manotazo, me lanzó contra el suelo de adoquines grises, junto a las escaleras del mausoleo.
Palpé mi frente, un hilo de sangre descendía por mi mejilla, si Gil no me ayudaba, estaba perdida.
Quizá fuese esa Elegida, pero mi fuerza y mi capacidad de lucha no eran las aptas para cubrir aquel papel, tendrían que buscar a otra…
Entonces lo pude observar, una mesa frente a la puerta del panteón, completamente de madera.
Me levanté como pude y corrí hasta ella.
- Bien, Gil – dije mientras el vampiro se aproximaba poco a poco – Ya tengo la madera.
De una patada rompí una de las patas.
Seguro que era del Ikea…
Cogí el extremo roto, con cuidado de no clavarme astilla alguna, para después voltearme en dirección a mi “Colmillitos” particular.
Cuando estuvo ya a una distancia prudencial, le hice signo de stop. No hizo más que reírse y continuar avanzando.
- No sigas – le ordené –
- Quiero mi cena – respondió enseñando los colmillos –
- Bueno, en ese caso, creo que deberíamos llegar a un acuerdo ¿te parece?
Aproveché el gesto de desesperación del monstruo para acercarme a él y clavarle la improvisada estaca: un crujido me indicó la rotura del esternón.
- ¡Puta! – susurró justo antes de descomponerse en una explosión de polvo –
Gil salió de repente de detrás de mí.
- No ha estado mal – aprobó –
- La verdad es que me habrían gustado más unos fuegos artificiales, esto mancha – contesté sacudiendo el polvo de la ropa.-
- Me refería a tu caza – contestó entre una inapreciable carcajada – Te he observado desde aquí. ¿Quién creías que había preparado la mesa?
- ¡¿Así que has estado aquí todo el tiempo?! – bramé furiosa – Ha podido matarme…
- Vamos, Rubia, no exageres – contestó sereno – No has visto nada…
- ¿Qué?
- Nos vamos – respondió alejándose – aquí hay más vampiros y creo que con uno la primera noche es suficiente.
Resoplé y le seguí.
Me enervaba hasta tal punto… la verdad es que me caía bien.
- Y ¿la herida de la frente? ¿Qué les digo a mis padres?
- Tranquila, por la mañana estará curada, es superficial – dijo mientras seguía andando – No me mires así, cosas de Cazadoras…
=OUT=
Ante todo espero haber tratado bien a Gil, Xellos!!
Bueno, el primer vampi ^_^!
Prud!
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