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by Prud! desde la idea de Tainah.
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Hell Hunters
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Prud & Témpano
Martini Bianco, please..
9:29 p. m. @ 22 octubre 2006
- ¿Era esa la vulgar líder que querías que conociese? – pregunté en cuanto esa Dana cerró la puerta –
- Sí – afirmó el poderoso demonio – Era ella. Es muy buena, generalmen…
- Discúlpame, Makisto – le interrumpí con gesto serio – No suelo perder el estilo de esta manera, pero tengo que reconocer que esa zorra me ha tocado el punto débil. Lo sé – continué ante el fruncido ceño de este – es demasiado poco: un vulgar vampiro para vérselas conmigo.
- Aunque te cueste admitirlo, Alex…
- Alexia, por favor – corté súbitamente – Creo recordar que no te he dado la confianza suficiente como para abreviar mi nombre.
- Aunque te cueste admitirlo, Alexia – repitió éste poniendo énfasis en cada sílaba – Dana es muy buena. De su raza, es la mejor. No te dejes engañar por su vulgar apariencia.
- Y tan vulgar, querido – contesté con sarcasmo – No sé como podéis tenerla trabajando para vosotros sin antes contratar a un estilista.
Makisto no se pronunció. Le estaba poniendo realmente nervioso. Observe su rugosa cara del color del vino y sus rasgados ojos verdes. El gesto que mostraba, desde luego, no era precisamente el ideal.
- Cuéntame lo de ese tal Andrew, por favor.
Levanté mi mano izquierda, en señal de que esperase, y tras recorrer unos pasos me senté en el confortable sillón rojo y crucé las piernas.
- Es un buen cebo, puedes confiar en ello – comencé – es el típico adolescente bobalicón que se deja llevar por unos buenos pechos y una cara bonita. De modo que el plan es perfecto, teniendo en cuenta mis cualidades físicas – sonreí exageradamente para luego volver a la seriedad – En concreto, tiene 17 años, y estudia en mi misma clase, por lo que, fácilmente puedo obtener información cuando la necesite. Dame unas semanas y te diré el nombre de la Cazadora. Y por favor, llama ahora a esa Claude y pídele un Martini, tengo la garganta reseca. Blanco, si es posible.
Makisto lo hizo a regañadientes, para luego mostrarme un desagradable aspaviento en señal de que siguiera. Simplemente, adoraba crisparle…
- Sí, sé que voy a tener que tragarme quinientas batallitas adolescentes y de típico macho americano – lancé una feroz carcajada – pero todo sea por la misión ¿no? Al fin y al cabo, para eso estoy aquí… al menos por ahora.
- ¿Qué quieres decir? – se irguió en la silla, alarmado –
- Nada. ¿Qué tendría que haber dicho? – contesté frunciendo el ceño –
- Déjate de rodeos y ve al grano. ¿Cuál será el plan tras encontrarla?
- ¡Oh! ¿Acaso esa es forma de hablar a una señorita, jefe? – bromee – El plan es sencillo. Integrarme en su propio grupo, ganarme su confianza…
De nuevo, Makisto no dijo palabra. Tocándose la barbilla, y con los ojos ausentes, asentía de vez en cuando.
- ¿Acaso hay algún problema? – pregunté con seguridad, al rato –
- No. Ninguno – pronunció con voz de ultratumba – Me parece todo perfecto. Con estas cosas me reafirmas a pensar que te he contratado para algo, y no para soportar tus sarcasmos y comentarios sobre la moda.
- ¿Acaso dudabas de mi efectividad?
No contestó. 1-0.
- Ya veo – admití felina mientras me levantaba – Si me permites, querido, mañana tengo que madrugar…
Me dirigí a la puerta contoneando las caderas, y haciendo resonar mis zapatos sobre el mármol.
- ¡Ah! – me exclamé antes de salir - Piensa con seriedad lo del estilista…
Le guiñé un ojo y pareció enfurecerse. Lo adoraba.
Justo al cerrar la puerta me encontré con una asustada Claude portando una bandeja en la mano. Sobre ella, una copa reluciente que contenía un líquido de color hueso, transparente y con una aceituna en el fondo.
- Su Marti…
- Tómatelo a mi salud, cariño, lo necesitarás ahí dentro – contesté mientras el ascensor se cerraba tras de mi.-
Prud!
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