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by Prud! desde la idea de Tainah.
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Hell Hunters
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Prud & Témpano
The Slayer comes to me
3:29 p. m. @ 07 octubre 2006
- Ya estoy en casa.
Cerré la almidonada puerta tras de mi y, dejando la pesada mochila sobre el suelo, colgué mi abrigo de cuadros escoceses en el perchero. Mi madre siempre me reprochaba que lo tirase, que estaba lleno de parches roídos y que parecía una mendiga del Bronx. Arreglé el cuello alto, arrugado y desdoblado.
- Mamá, Papá ¿Estáis aquí?
Dirigí una mirada inquisitiva hacia el pasillo.
Era raro, papá recogía todas las tardes a mi madre, y llegaban a la par, normalmente antes de que yo misma estuviese en casa, pero aquella tarde el céntrico y minimalista apartamento resultaba totalmente silencioso.
Miré el reloj. Era más tarde que de costumbre. Alcé los hombros y me dirigí al salón, convenciéndome de que no pasaba nada.
Estaba entumecida a causa del frío de Nueva York. Por mucho que me abrigase, éste siempre encontraba un hueco para colarse entre las capas de ropa. Solo quería tumbarme en el sofá y ver la tele sin parar… Sin parar.
Crucé el umbral, la estancia estaba oscura, sombría. Me pareció ver formas en uno de los sillones, sombras que se movían.
El miedo comenzó a apoderarse de mi cuerpo, notaba como la adrenalina ascendía, a pasos agigantados. No sabía bien lo que pasaba.
- H… Ho..¿Hola? – pregunté, con la voz temblorosa –
De repente, una mano me cogió de la muñeca, y, en acto reflejo, respondí con una fuerte patada, hacia el lugar donde creía que se encontraba mi atacante. La tensión del brazo se relajó, a la vez que un grito sordo, femenino, resonó en la habitación, seguido de un estruendo. ¿Qué demonios sucedía? ¿Y mis padres? ¿Acaso…?
Me apresuré a encender la luz.
- Tranquila, Brookie. Soy yo.
¿Amber? ¿Qué demonios hacía ahí? La había dejado en la puerta de su casa al volver del instituto, ¿Cómo había…?
- ¡Joder! – grité furiosa levantando los brazos – que susto me has dado…
Swank se levantó del suelo, con cara de circunstancias.
- Me esperaba un mejor recibimiento, pero conociendo el humor que se te pone cuando sales del instituto… - bromeó - ¿De donde sacas la fuerza?
Solté una carcajada nerviosa. La había mandado al otro extremo de la sala sin darme cuenta y para colmo había roto el mueble de madera blanca que allí se encontraba, junto con un par de jarrones de cerámica.
- Ya sabes, Amber, la adrenalina… Mira lo que he hecho…
- Ya… - respondió acercándose – el caso es que venía a pedirte los libros de…
- ¿Cómo diablos has entrado? – inquirí frunciendo el ceño –
La cara de Amber cambió su expresión, volviéndose pálida y confundida.
- E… ¿Eh? – balbuceó –
- Sí. ¿Cómo has conseguido entrar antes que yo, y sin llaves? Creí que te había dejado en tu bloque…
Se quedó callada, mirando al suelo.
- Ambie… - canturree en tono cansino –
Pero no me respondió. En su lugar, una voz totalmente distinta se pronunció. Una voz masculina.
- Eso no importa ahora, Samarly.
Me giré hacia el pasillo, donde vislumbré una silueta masculina, fornida y musculosa.
¿Otro intruso? Mierda, seguro que Amber hasta lo agradece…
Me apresuré a coger una lámpara de mesa, para defenderme, mientras notaba como la adrenalina volvía a hacer acto de aparición.
- ¡Oh, no! – se exclamó – Nada de agresión, vengo a conversar, no a atacarte. Verás, he regresado a Nueva York por una misión importante – se acercó mientras hablaba y al llegar a mi lado, me extendió la mano. – Una misión que te incumbe, a ti.
Como hipnotizada, posé en su mano la pequeña lámpara. Me giré hacia Amber, que mantenía los brazos cruzados, presa del pánico. Intenté reconfortarla con la mirada. Fue en vano, ya que la mayor parte de las veces, concentraba sus ojos en aquel hombre.
- ¿Qué quiere decir con… con que me concierne a mi? – pregunté – No le conozco de nada, no sé que diablos puede incumbirme…
- Mucho más de lo que te imaginas – sonrió – pero considero que es mejor que hablemos en privado.
Alzó entonces la mano hacía Swank y yo me voltee rápidamente. Cual fue mi sorpresa, al descubrir que la joven no se movía. Parecía inmovilizada, como si le hubiesen dado al botón de pausa.
- ¿Qué le ha hecho? ¿Cómo…?
- Vaya – suspiró – contaba con que tu mejor amiga, bruja nata, te hubiese comentado algo al respecto.
- ¿Al respecto de que? ¡¿Bruja?! – inquirí acercándome y con los ojos de una dimensión más grande a cada paso - ¿De que diablos me habla?
- De la existencia de la magia, por supuesto – dictó – De la realidad pura: demonios, vampiros, dioses, magia negra, hombres lobo.
Lancé una carcajada incrédula, totalmente fuera de lugar, ya que en mi cuerpo, se desataba un conflicto enorme. No sabía si aquel individuo, realmente quería asustarme o es que estaba completamente chiflado, opción que me atemorizaba aún más. Le miré, con la seriedad escrita en mis ojos. Seguro que era un truco, un complot manejado por Amber para gastarme un broma, programa tipo “Scare Tactics” a lo burdo.
- Está de broma – contesté – Está usted de broma. Vamos, pregúnteme que si tengo miedo, que estoy en un programa de sustos o inocentadas.
- Lamentablemente no, Brooke.
Si era un actor, realmente era muy bueno. Y Amber también. Eché una ojeada hacia ella y seguía invariable, en la misma posición, con la misma mirada de temor y las manos en alto.
- Por mucho que te pese – continuó – todas estas cosas existen. Y sí, es cierto que los humanos tenemos ciertas reticencias al hablar de ello, o al mostrarnos crédulos hacia estos temas, pero existen. Y, es más, hay personas determinadas, cuyo destino está marcado para verse involucradas en esto.
- ¿Me está diciendo que soy una de ellas? – pregunté risueña –
Ya no sabía que pensar, me estaba poniendo histérica. Su monótono tono de voz, junto con la charla que me daba… Me estaba confundiendo. Me acerqué a Amber y le pasé la mano por enfrente de los ojos. Nada, cero, ninguna señal de movimiento.
- ¿Cómo crees que he podido hacerle eso? – se pronunció - Es un vulgar y práctico hechizo para paralizar personas, u objetos.
Lo cierto es que parecía tan real… No quería aceptarlo, era materialmente imposible.
- Bien, pues cuénteme quien soy yo en este mundo de goblins y ninfas – bromee –
- Tómatelo a broma, si es lo que quieres. – Su gesto era serio, duro y frío como el metal – Pero es la pura verdad, Brooke. Eres la elegida para luchar contra esas fuerzas del mal.
- ¿Yo? – chillé - ¿Yo? ¡Tengo dieciséis años, por dios! Ya está bien, este jueguecito estúpido.
Alcé las manos y eché a andar hacia el pasillo, pero el hombre me retuvo por el hombro, girándome hasta quedar frente a él.
Ahora podía observarlo. La bondad de sus ojos lo decía todo.
- Vas a ser más difícil de lo que pensaba – murmuró – Bien, siéntate y te lo explicaré.
Prud!
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